lunes, 31 de diciembre de 2007

Bike ride at nigth

Mis primeros recuerdos que tengo andando en bicicleta no son tan precisos como para decir edad, menos fecha. Sólo recuerdo una carrera en cleta con amiguitos, 3 o 4 años, y mi papá alentándonos y gritando “Nelson Piquet”, nombre de aquel piloto brasileño de Fórmula Uno que le pegó unos mangazos a Eliseo Salazar en una carrera. De ahí, siempre he andado en cleta.

A lo más Freddy Turbina, le saqué mis rueditas chicas a mi bicicleta a temprana edad, y cuando cumplí 6 años el Viejo Pascuero me regaló una bicicross, muy de moda por el año 87. La tarrié como quise, y por supuesto que me saqué la cresta infinitas veces. La sangre me corría a chorros por las piernas, y llenas de tierra, pero era más feliz que ocho (nótese las expresiones y cómo me le cae la cédula de identidad)

Los años pasaban y la cleta se me hacía cada vez más chica, y dejé de andar en ella. En la navidad de 1993 me llegó mi Mountain Bike, la cual sería mi gran compañera de aventuras. Mi hermana por aquel entonces me preguntó que cuándo iría a tener una nueva bicicleta, a lo que le respondía algo así como “cuando pueda trabajar y comprarme una yo”.

Me gustó eso de tener cambios para poder vencer aquellas subidas peludas, y para poder pedalear más rápido en las rectas, que más de alguna vez compartí con algunos amigos en noches de verano echando carreras por la avenida principal de Angol. Más de alguna vez me levanté temprano en la mañana para ver como era mi pueblito antes de que todos comenzáramos a estudiar o trabajar, y también fui al Liceo en cleta. Una vez, hacia el final de mi último año en 4to medio, subí mi bicicleta al segundo piso del liceo y lo recorrí montado en la cleta, y entré a mi sala y la recorrí en cleta, chocando con las mesitas y las sillas, toda una hazaña para mi, muy estúpida por lo demás.

Ya en la U dejé de andar en cleta, porque en Santiago no tenía, pero todos los veranos en Angol era obligatorio subirse a mi cada vez más vieja bicicleta, la cual vibraba mucho en los cerros en los caminos de ripio, y a la que se le rodaba la viela de un pedal y cuyos cambios no funcionaban correctamente. Más de alguna vez subí un cerro sin frenos (esos mismos a los cuales alguna vez fui en auto acompañado en situaciones poco decorosas) por lo que la vuelta “en bajadita” era una aventura adrenalínica. También usé esa cleta en los cerros aledaños del Lago Lleu Lleu, y debo reconocer que se portó más que bien. Pero se advertía que su final estaba cerca.

Este año, una vez instalado en Santiago, mi primera gran inversión fue una cleta nueva, y la armé sin fijarme mucho en el precio. Era uno de aquellos gustitos que uno planea cuando sabe que algún día va a trabajar, y un amigo me asesoró muy bien al momento de elegir las piezas. Ahora, con amortiguación con bloqueo, lo único que quedaba era probarla, y que mejor que el parque Mahuida en Santiago, por una bajada que es “pal loly”, pero con frenos de disco todo pasando…

Desde que me la compré, todos los domingos salgo a pasear por Santiago, y el tour es de cómo 35 kilómetros, donde aprovecho de escuchar buena música, relajarme, y ver gente pasar.

El fin de semana pasado, para navidad, me compré un bolso para bicicleta y me la traje a Angol, y salí a gozar de ella en aquellos cerros que rodean mi pueblito. Se ha portado bien, demasiado bien, y es aquí en donde he gozado de la amortiguación, ya que me ha dado mayor control en la dirección.

Hoy salí a pasear de noche por Angol, tal como lo hacía cuando era cabro chico, y esa sensación de viento helado, respirando aire fresco, aun permanece.

Al parecer fui hombre de palabra, y me compré mi cleta ya tonto viejo, pero con mi plata.

La cleta es lo mejor.



Canciones recomendadas:

Yo creo que cae de cajón el tema “Bicycle race” de Queen, pero me gustaría proponerles lo siguiente: busquen una subida, una de esas largas (como Av. Larraín al final, Grecia o José Arrieta), y graben en su reproductor de MP3 el tema “Zombie” de The Cranberries, y déjense caer, mientras suena “in your head” aquella canción. Ojo con los autos, y ajusten bien sus frenos.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Caracterizando soluciones factibles

Reaparezco por el ciberespacio después de un largo silencio, y no porque no tuviese nada que contar. Podríamos haber hablado de The Police y lo fome que me resultó Beck (o como se escriba), telonero demasiado alternativo para mi. Estuve tentado a escribir varias veces, pero por alguna razón los dedos simplemente no quisieron acercase al teclado para plasmar algunas ideas, mucho mejores que la que voy a desarrollar ahora…

Hablemos de las soluciones factibles. En matemática, muchas veces existen teoremas que indican cómo debe ser la solución a un determinado problema, pero no te dicen cual es. Así, por ejemplo, tenemos los mínimos de una función, los cuales son caracterizados por que la derivada en estos puntos es igual a cero y que la segunda derivada en ese punto debe ser mayor o igual a cero. Es posible encontrar a veces infinitos puntos con estas características, por lo que la búsqueda del mínimo se vuelve compleja, y para ello se suelen utilizar herramientas más heurísticas como los nunca bien ponderados algoritmos genéticos, tema que alguna vez toqué en mi viejo blog.

Lo más interesante de todo lo anterior, es que al caracterizar una solución, el conjunto de posibles soluciones se puede achicar, por lo que se puede ahorrar tiempo en la búsqueda del resultado final.

En la vida diaria, a veces la caracterización de las soluciones factibles es posible obtenerla a través de prueba y error, llevando a cabo un cuidadoso registro de los experimentos realizados. Por ejemplo, si Ud. va preso por conducir en estado de ebriedad, trate de averiguar cuánto alcohol bebió para llegar a esta lamentable situación, y al final del día concluya que “Si no quiero ir detenido por conducir en estado de ebriedad, la cantidad de alcohol que debo consumir es menor o igual a X litros de cerveza”. ¿Lo ve? frente al problema de ir detenido por copete, Ud. sabe que la solución debe ser menor a los X litros de cerveza, pero no le dice cuántos litros debe tomar.

Para finalizar este breve posteo, quisiera compartir una experiencia media jote que tuve hace pocos días atrás cuando viajaba en un bus, pero creo que sería muy indiscreto dar detalles. Lo que si les puedo contar es que fue fallida, y logré caracterizar en parte la solución factible del problema “Salir a tomar un trago con una desconocida”. Aprendí que para que te acepten la invitación debes demostrar ser confiable a toda prueba, y que no eres un sicópata. No es que sea un sicópata, pero al momento de registrar el experimento, me di cuenta que no brindé esa confianza necesaria como para que me hubiesen aceptado la invitación, lo cual fue fatal para mi propósito

Claro está que aparte de esa confianza que debes brindar, algo más debes ofrecer, y ese algo más hasta ahora lo desconozco. Así que seguiré investigando para caracterizar lo mejor posible las soluciones factibles, porque claro está que este problema tiene infinitas soluciones, por lo que sería de gran ayuda tener un método iterativo que visite sólo los puntos justos y necesarios, para así mejorar la velocidad de convergencia.


Canciones recomendadas:

La semana pasada estuve en la fiesta de fin de año del grupo Enersis, en donde bailé como una yegua, lo cual no hacía desde hace como cuatro años cuando me obligaron a salir a bailar.

Recomiendo:
- Venía Raquel (bailarla con Los Auténticos Decadentes en vivo es otra cosa)
- Atrévete, Calle 13

Salgan a perrear y que a las chiquillas se les vea la tanga, como a Laurita.